LA IMPORTANCIA DE RENDIRSE AL SEÑOR (Gálatas 5:16-18)
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
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Al preguntar a algunos cristianos si les gustaría alcanzar lo que el Señor ha planeado hacer en sus vidas, la mayoría de ellos le dirá: "¡Sí!" Pero, para ser las personas que Él nos llama a ser, debemos rendir nuestra voluntad a la Suya. Eso significa decirle al Señor que aceptaremos todo lo que Él tenga que hacer para erradicar el egocentrismo de nuestras vidas. Nos enviará dolores y sufrimientos, porque ésa es la manera segura de captar nuestra atención. Pero, como resultado, seremos unos seguidores más sabios y más maduros.
Rendir nuestra voluntad al plan de Dios hace que dejemos de ocupar el trono de nuestra vida y le permitamos al Espíritu Santo tomar ese lugar. Después que Él quita toda la basura que hay en nuestra vida, somos transformados interiormente; nuestro Espíritu sufre tres cambios importantes.
1. Primero, empezamos a detectar cuándo está en actividad la mano de Dios.
2. Segundo, nos vemos libres de intereses egoístas o terrenales.
3. Tercero, entendemos y valoramos lo que significa actuar bajo el poder y la autoridad de Dios.
Esto fue lo que sucedió en la vida de José. El se daba cuenta de que todo lo que le sucedía, aunque en ocasiones injusto y doloroso, lo estaba posicionando para que Dios llevara a cabo lo que quería hacer con él.
Cuando servimos al Señor, adquirimos una confianza que no teníamos antes cuando servíamos a nuestro yo personal. Más aun, los demás verán los efectos de la obra de Dios en nosotros.
Una persona llena del Espíritu Santo sabe cómo amar y cómo ser amada, cómo conservar la paz y el gozo aun en tiempos difíciles, y cómo dar a los demás una segunda oportunidad. Rendirse al Señor no es una cosa fácil; necesitaremos ser valientes y tener paciencia, porque aprender sumisión es un proceso que dura toda la vida. Pero por lo que Dios da -una vida llena del Espíritu que atraerá a otros a Jesucristo- bien vale la pena abandonar nuestros intereses egoístas.
Si usted todavía no le ha rendido su corazón al Señor Jesucristo, esa debe ser la primera cosa que usted debe hacer. Con ello, todo lo demás será posible. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Filipenses 4:13)
¡Bendiciones!
Pastor Raúl Orozco